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sábado, 28 de mayo de 2011

Las invasiones humanas

Hoy he querido hacer una entrada doble a propósito del cine quebeco, porque quería comentar sobre dos filmes que he visto y que me han parecido muy buenos. Ya hace unas horas les comentaba sobre Incendies, un filme del 2010 que estuvo nominado al Oscar como mejor película extranjera. Ahora quiero hablarles sobre otro filme que me ha impresionado muy favorablemente y, en esta ocasión, se trata de uno que compartió la misma nominación pero con 7 años de difrerencia. En el caso de Les invasions barbares, sí ganó el premio a Mejor película foránea en la edición de los Oscar del 2004.

El cineasta Denys Arcand, que ya había saltado a la fama en 1986 con Le déclin de l'empire américain, una ácida sátira sobre las relaciones sexuales entre un grupo de amigos de clase media en un país de alto nivel de bienestar como Canadá, vuelve a la carga con este filme realizado en el 2003, donde retoma la mayor parte de los personajes de aquella  primera película, incluso los principales no solo repiten en nombre sino en el actor que los encarna. Ahora la historia se concentra en torno a los días finales de Rémy, el viejo profesor universitario, mujeriego irredento, crítico e impertinente, que ahora enfrenta la triste realidad del diagnóstico de un cáncer terminal.

El filme se divide en dos partes bien diferenciadas. Una primera parte de la historia critica de modo fustigante el sistema de salud canadiense y la pasmosa burocratización del tema en la provincia de Quebec. Los sindicatos tampoco se libran del ojo acusador del guionista y director, que ejemplifica sus métodos mafiosos al más puro estilo siciliano, el soborno a la orden del día y otros males propios del gremio. A partir de la mitad del metraje comienza la parte más motivante de la película, con la reunión de amigos y familiares alrededor del moribundo. El microcosmos que teje Arcand en torno a un hombre que se muere es conmovedor. Con una atmósfera nostálgica, pero viva a la vez, el filme se convierte en una oda a la agonía de un hombre que se debate en un gran cúmulo de sentimientos encontrados, que incluye la presencia de un hijo adinerado al cual fustiga constantemente.

La trama de la película no es complicada, pues la historia es bien simple. Son gente común en torno a su viejo amigo, gente que comparte el tiempo, con diálogos filosóficos y cortantes y emotivos recuerdos del pasado con atisbos de presente, todo con una informalidad y desenfado que se transpira en las más logradas escenas de la hsitoria. Filme austero en medios, pero gigante en resultados, que nos habla de la humanidad de los amigos, de rencuentros después de tantos años, de la empatía que logran finalmente el padre y el hijo, del cariño que siente por el viejo profesor su ex, de la afinidad que se dibuja (cual relación padre-hija) entre Rémy y la hija drogadicta de una de sus amigas de juventud.

La película constituye un homenaje al ser humano, al asistir a la muestra del lado más vulnerable de cualquier persona común en este mundo nuestro. Los rostros de los viejos amigos denuncian, sin dudas, el paso del tiempo y el desencanto de un mundo cambiante y cada vez es más absurdo y patético. La actuación del veterano actor Rémy Girard resalta por sí sola en un filme que no es la panacea cinematográfica, pero que se lanza al ruedo y deja claro que todo no es tan bueno como lo pintan, ni tan malo como dicen que es.

Con Incendies y Les invasions barbares, he querido hoy hacer un paréntesis con tono cinematográfico, y recomendar de paso estos dos filmes quebecos a todas las personas que tengan la oportunidad de verlos. Estoy seguro que los amantes del buen cine quedarán complacidos con ambas historias.

Incendies

Soy amante del cine y una vez que puse los pies en tierra quebeca me di a la tarea de buscar por dónde andaba la industria fílmica de este lugar. Me preguntaba, sobre todo, si de alguna forma aquí habían heredado el modo de hacer de los franceses, verdaderos maestros del septimo arte. Casualmente, este año coincidí con la repercusión provincial y  nacional de una película hecha en estas tierras que fue finalista de los Oscar en la categoría de mejor película extranjera y con la cual Denis Villeneuve, realizador nacido en Gentilly, en octubre del 67, llegó a ocupar amplios espacios en los medios de prensa. Se trata de Incendies, que finalmente, perdió en la ceremonia de los codiciados premios norteamericanos, cediendo el puesto cimero a un filme danés. Por estas días tuve la oportunidad de verla y el resultado final fue el placer de haber visto una magnífica película, con excelente nivel de realización.

Se trata de un drama familiar que va enganchando poco a poco al espectador y que te hace quedarte sentado todo el tiempo para ver de qué va el decursar de la historia. La historia es sobre dos hermanos gemelos que reciben la herencia de su madre, de origen libanés y con ella dos cartas que deben entregar. Una a su padre, a quien creían muerto, la otra a un hermano desconocido, del cual nunca habían oido hablar. A partir de ese momento, a modo de escenas simultáneas, el filme comienza a narrar con notable coherencia el presente y el pasado, debatiéndose entre la búsqueda de los jóvenes y la convulsa vida de la madre.

El final es interesante. La actuación de las dos protagonistas es buena. La puesta en escena de Villeneuve es excelente. La historia fue escrita originalmente para el teatro, en el 2007, por Wajdi Mouawad, un famoso dramaturgo quebeco de origen libanés. Lubna Azabal, la actriz principal es belga de nacimiento y posee una carrera de 14 años en el teatro y el cine. Ella convence ampliamente en su papel de madre. Mélissa Désormeaux-Poulin, joven actriz de unos 30 años lo hace muy bien en su rol de hija. Maxim Gaudette, uno de los íconos del cine quebeco actual lo hace bien, aunque no a la altura de las dos primeras.

Villeneuve es un polémico director que provocó muchas opiniones encontradas entre la fanaticada y los críticos cuando en el 2009 filmó Polytechnique, una película basada en la matanza del 6 de diciembre de 1989, ocurrida en la Escuela Politécnica en Montreal donde Marc Lapine, un joven de 25 años asesinó a 14 mujeres antes de quitarse la vida. Su filmografía solo exhibe 5 largometrajes en catorce años, todos con notable calidad.

En resumen, recomiendo, en gran medida, este filme rodeado de una aureola de premios incluyendo los locales, en los cuales arrasó, tanto a nivel canadiense (Genie Award) como provincial (Prix Jutra). No son los premios los que lo hacen bueno sino el modo de contar la historia, la cuidada fotografía y la acertada dirección de Denis, que lleva la narración por terrenos conocidos pero a la vez llenos de pasión, dolor, sufrimiento, esperanza y amor.



 
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